31 jul. 2016

Raúl y la gorda

Raúl se levanta a las 6. A sus 51 años hace lo mismo desde que tiene 23. Antes de ir a mear prende la pava, con eso le gana entre 2 y 3 minutos al nuevo día, porque después del meo vienen los dientes y la cara. Cuando cierra la canilla vuelve a recordar que debería  cambiarle el cuerito, pero no tiene tiempo, nunca tiene tiempo. Y es que desde que abre los ojos, hasta que entra a su casa y tira el bolso en la mesa de la cocina, ocupa 12 horas de su vida.
Hoy es domingo. A pesar de que el invierno recién lleva unos 40 días, el sol salió fuerte y nítido. Aprovecha y abre las cortinas, a ver si se calienta un poco la casita. En la semana se acordó de comprar el cuerito para la canilla del baño, ahí en el bagallero que vende de todo, al lado de la parada de uno de los dos bondis que se toma para ir al laburo. La tele está prendida de fondo, mientras la gorda sigue haciendo fiaca. Hoy cocina él.
En eso se acuerda que todavía no volvió el fútbol y piensa en toda esa manga de hijos de puta que negocian con lo único que lo desenchufa de todo y lo conecta con algo. Efectivamente, era el cuerito, está todo reseco y con óxido.  De fondo el noticiero no tiene nada para informar, hay gente con boinas,  viejas teñidas de rubio y vacas desfilando. El Presi también estuvo ahí, por fin, hacía 15 años no iba alguno.  Se nota que están de fiesta.

Termina con la canilla, se va a la cocina. Piensa, improvisa con lo que tienen. Levantando las cejas, mordiéndose el labio y moviendo levemente la cabeza sigue pensando. A esta hora ya estaba largando el fuego mientras su hijo iba moviendo la tele al quincho para ver el partido. Quizás esta noche le cuente a la gorda que van a empezar con las suspensiones. Raúl y ella votaron a Macri. 

30 oct. 2015

Maradona es nuestra identidad

En esa gambeta del fútbol con los amigos, ahí está él.
En ese momento donde te pusiste a tu amigo al hombro para remontar un bajonazo, está el Diego.
Cuando lloratse y gritaste para parirlo con amor, estuviste como una 10.

Pero cada vez que te mandaste una línea, ahí también estaba el Diego.
Tu primer golpe a una mujer, fue con la mano de Dios
Cuando decidiste no reconocer a tu hijo, Maradona te enseñó cómo hacerlo.
En cada contradicción, en cada acto de soberbia, en toda fanfarroneada, estuvo Diego Armando.

Y ahí está, el escupitajo cobarde sobre la miseria ajena, que también es tuya y nuestra. 
El temor a reconocer nuestra propia mierda en el espejo, en un solo tipo que condensa todas nuestras oscuridades, esas de las que pende lo que amamos. Y al mismo tiempo, ver en ese reflejo, lo mejor que tenemos, ese barrilete cósmico piloteado por la mano de Dios.

El es la unidad de lo múltiple, el acervo de lo heterogéneo. El error mejor constituído y los aciertos más perfectos.
Es todo, por ende no es nada. Es la nada cuando nos conviene y el todo cuando se nos viene.

Dicen que al Diego siempre le perdonan todo, pero a Maradona nunca se le perdonó nada. Tampoco pretendió que lo hagamos, porque él es el perdón en sustancia pura, es el acierto de la equivocación.

Es nuestra idiosincrasia, y la refleja en todo su esplendor, desde la más mínima perfección hasta la más avanzada putrefacción.
Y acá estamos, renegando de esta identidad y gozándola a la vez. Nos fijemos bien, hasta en los mas profundo de nuestro ser. La tenemos adentro.

27 sept. 2015

El Papa es política

Pretender que el Papa se plante ante la institución más antigua y retrógrada de Occidente y apoye el aborto, acabe el celibato, confiese todos los crímenes de la Iglesia y, ya que estamos, tire abajo la Capilla Sixtina es una postura, como mínimo, ingenua. 
El Papa debería interesarnos como actor político que mediante sus gestos, discursos y decisiones, juega un rol central a nivel mundial. Una especie de pivote que comprende racionalmente qué pases hay que dar en política y cuándo y cómo hay que aguardar el momento justo para encestar el avance. 

Tener un Papa en Cuba, que visita a Fidel y que en su discurso le dice a Colombia que acabe con los conflictos internos que desangran su país y que, días después las FARC y el gobierno de Santos sellen semejante acuerdo, es algo histórico. 
No recibir al lobby anticastrista de Miami que colaboró activamente con los bloqueos a Cuba, es un gesto político de profundas convicciones. 
Que en medio del Parlamento del responsable de casi todos nuestros males, salga a bancar la parada y a pegarles en su propia cara por el tráfico de armas, la xenofobia, la pena de muerte y la pobreza, hace quedar muy pequeñito a cualquier planteo de nene berrinchero que cierra toda neurona política que le permita comprender a Jorge Bergoglio como un alineado con “los buenos”, “el pueblo”, “los débiles” o como quieran llamarlo. 
Que haya tomado los protocolares micrófonos de la ONU para hablar de prostitución infantil, trata de personas, tráfico de armas, narcotráfico y exclusión de la mujer, es algo que no podemos ignorar.

A Francisco no hay que analizarlo como el enviado de Dios en la tierra, ni como el demonio antiabortista que pretende seguir subyugando a la mujer. Pienso que ambas posturas son erradas. Jorge Bergoglio no le pide a uno ser católico para acordar y luchar, sus movimientos políticos exceden a la religión. Abre la cancha a otras creencias y conformaciones políticas. Es un agente de proporciones globales, una especie de encarnación del sistema: ningún voto popular lo puso ahí, excede todo territorio y no cumplimenta la totalidad de requerimientos legitimadores para ser un estado más (aunque legalmente lo sea). Viene a ser un “líder del mundo” que toma decisiones políticas concretas. No podemos negarlo, ocultarlo, rechazarlo u odiarlo simplemente.

Cuando un líder mundial con poder político concreto, se alinea a los gobiernos más populares, hay que aprovechar el impulso. Y en ese impulso hay que evitar que el árbol nos tape el bosque. No se puede pretender o esperar que la Iglesia Católica, de la noche a la mañana venga a transformarse en una especie de organización pluridemocráticahorizontaloide que encabece la lucha de algunas disputas concretas para desde allí librarnos de todo mal. A lo que voy: si en estos momentos, la figura máxima de la Iglesia está “de nuestro lado”, hay que tener la suficiente inteligencia política y capacidad de contextualización histórica y social, para engarzarlo en las luchas populares, en los avances más generales y urgentes. 
Quizás deberíamos animarnos de una buena vez por todas a entender que el Papa es un político, que llegó ahí haciendo política y que como tal, cabe perfectamente que, dentro de las limitaciones que implican ser el líder de una institución milenaria y nefasta, empecemos a disputarle el sentido. Debemos agarrar su flanco político y disputarlo discursivamente. Engranarlo al conjunto de ideas, instituciones, organizaciones y luchas de las cuales salen las acciones concretas para combatir el capitalismo financiero asesino que hace peligrar cualquier avance logrado en los últimos 20 años. Hoy, el Papa Francisco es un actor clave para seguir consolidando los avances que tanta sangre y miseria han costado, incluso por parte de la institución que él lidera.

Dejo aquí algunas definiciones claves que Francisco hizo en la ONU. 


“La reforma y adaptación a los tiempos siempre es necesaria. Hay que dar participación real y equitativa en las decisiones, para todos los países”. 
“No hay que limitarse al ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos o creer que una única solución teórica y apriorística dará respuesta a todos los desafíos” 
“Viviendo propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable, libertad religiosa y de espíritu, educación”. 
“Hay que afirmar que existe un derecho del ambiente. Cualquier daño al ambiente es un daño a la humanidad. El abuso y su destrucción van acompañados por un imparable proceso de exclusión. Un afán egoísta de bienestar material lleva a agotar los recursos y a excluir a los débiles”. 
“Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral, se debe continuar con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y los pueblos y no usarla como un instrumento para disfrazar intenciones espurias”. 
“Cuando se confunde la norma con un simple instrumento para usar cuando resulta favorable y eludir cuando no lo es, se abre una caja de pandora de fuerzas incontrolables que dañan a las poblaciones, el ambiente cultural y el ambiente biológico”. 
“No faltan pruebas de las intervenciones militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional. No puedo dejar de reiterar mis repetidos llamamientos en relación con la dolorosa situación de todo Oriente Medio, norte de África y sus adentros, donde los cristianos junto con otros grupos culturales o étnicos, han sido obligados a ser testigos de la destrucción de sus lugares de culto, de su patrimonio cultural y religioso, de sus casas y han tenido que huir o pagar su adhesión al bien y la paz con la propia vida o con la esclavitud”. 

20 sept. 2015

La concha de las madres de Alberdi


¿Qué los jugadores se vayan a la gran concha de su madre? ¿Y por qué no a caminar por la Colón? Que se metan un rato en La Piojera, que respiren un poco la cultura del barrio. Después, si salen un poco conmovidos, que sigan nomás, que doblen a la izquierda (siempre a la izquierda) por la plaza y que agarren Santa Rosa. Si alguno quiere, que frene un rato en el Mariano Moreno, a ver en qué andan los pibes y las pibas. Que sigan nomás, si alguno se siente mal o le duele un hueso de tanto romperse el alma en la cancha, que se meta en el Clínicas, ahí lo van a tratar como un soldado que da la vida por el barrio. Que lo banquen afuera los demás, si alguno tiene un ser querido en el San Jerónimo, que pase a dejarle unas flores. Es más, que vayan los que lo sientan y saluden la memoria de la abuela del barrio que le preparaba la merienda a los pibitos antes de irse a jugar a la pelota. 
Si a alguno le va entrando la nostalgia, que pasen por la Cervecería, todavía quedan magnánimos restos de lo que fue la vida que dejaron allí los laburantes cordobeses. Y si tanta sensación junta les atosiga el alma, que bajen un rato al río, que se sienten en el pastito que salvaguarda las espaldas del gigante Manuel Belgrano, en donde la clase media-alta pudo conocer realidades más allá de los barrios residenciales de la ciudad. 
Te soy sincero, ahí veo a varios. Lo veo al Chino con un lagrimón, acordándose de cuando volvía de la canchita con las piernas blancas debajo de las medias y negras en todos los otros rincones. Está el Mudo, recordando con un peruano el llanto de despedida en ese último gol a Arsenal. Lo veo al Juanca con su pibita, contándole que en Las Palmas y en Alberdi siempre va a poder ser feliz. Lo escucho al Guille tomándose unos mates en la Isla de los Patos con los vecinos bolivianos que hacen patria todos los días. Lo veo al Gato puteándose con los desarrollistas que tiraron abajo la Cervecería. También está el Teté, terco como es él, pidiéndola a unos pibitos que no manchen con cualquier pintada los colores del escudo en las paredes de la costanera. Atrás vienen los pibes, están el Fede, Renzo, Alanís, el Nahuel y toda la pendejada de inferiores poniéndose facheros para ir al Estadio del Centro porque esa noche está el baile de la Mona. 
A la concha de su madre no van a volver, ya salieron de ahí y cada una de esas madres se rompió el alma para que los pibes crezcan, aprendan, se esfuercen, sientan. Muchas de esas conchas salieron de otras conchas que en el 69 fueron con el Gringo Tosco y el Negro López a combatir la opresión, la oscuridad, el asesinato de las ideas y la lucha obrero-estudiantil. Esa concha es mucho más grande que los mequetrefes de la historia que van a quedar empequeñecidos por la grandeza de este equipo, por la inmensidad del barrio y el compromiso de su historia. Y esos endebles intentos de amargarnos la ilusión, de insultar nuestra pasión celeste, no van a prosperar. No hay estructura, poder o mala fe que pueda sobrevivir ante lo Gigante que es este equipo, este barrio en el mundo, esta historia en la que el fútbol es solamente una excusa para volvernos a ver, porque todo sucumbe ante la humildad de Belgrano, y eso es lo que nos hace grandes