20 sept. 2015

La concha de las madres de Alberdi


¿Qué los jugadores se vayan a la gran concha de su madre? ¿Y por qué no a caminar por la Colón? Que se metan un rato en La Piojera, que respiren un poco la cultura del barrio. Después, si salen un poco conmovidos, que sigan nomás, que doblen a la izquierda (siempre a la izquierda) por la plaza y que agarren Santa Rosa. Si alguno quiere, que frene un rato en el Mariano Moreno, a ver en qué andan los pibes y las pibas. Que sigan nomás, si alguno se siente mal o le duele un hueso de tanto romperse el alma en la cancha, que se meta en el Clínicas, ahí lo van a tratar como un soldado que da la vida por el barrio. Que lo banquen afuera los demás, si alguno tiene un ser querido en el San Jerónimo, que pase a dejarle unas flores. Es más, que vayan los que lo sientan y saluden la memoria de la abuela del barrio que le preparaba la merienda a los pibitos antes de irse a jugar a la pelota. 
Si a alguno le va entrando la nostalgia, que pasen por la Cervecería, todavía quedan magnánimos restos de lo que fue la vida que dejaron allí los laburantes cordobeses. Y si tanta sensación junta les atosiga el alma, que bajen un rato al río, que se sienten en el pastito que salvaguarda las espaldas del gigante Manuel Belgrano, en donde la clase media-alta pudo conocer realidades más allá de los barrios residenciales de la ciudad. 
Te soy sincero, ahí veo a varios. Lo veo al Chino con un lagrimón, acordándose de cuando volvía de la canchita con las piernas blancas debajo de las medias y negras en todos los otros rincones. Está el Mudo, recordando con un peruano el llanto de despedida en ese último gol a Arsenal. Lo veo al Juanca con su pibita, contándole que en Las Palmas y en Alberdi siempre va a poder ser feliz. Lo escucho al Guille tomándose unos mates en la Isla de los Patos con los vecinos bolivianos que hacen patria todos los días. Lo veo al Gato puteándose con los desarrollistas que tiraron abajo la Cervecería. También está el Teté, terco como es él, pidiéndola a unos pibitos que no manchen con cualquier pintada los colores del escudo en las paredes de la costanera. Atrás vienen los pibes, están el Fede, Renzo, Alanís, el Nahuel y toda la pendejada de inferiores poniéndose facheros para ir al Estadio del Centro porque esa noche está el baile de la Mona. 
A la concha de su madre no van a volver, ya salieron de ahí y cada una de esas madres se rompió el alma para que los pibes crezcan, aprendan, se esfuercen, sientan. Muchas de esas conchas salieron de otras conchas que en el 69 fueron con el Gringo Tosco y el Negro López a combatir la opresión, la oscuridad, el asesinato de las ideas y la lucha obrero-estudiantil. Esa concha es mucho más grande que los mequetrefes de la historia que van a quedar empequeñecidos por la grandeza de este equipo, por la inmensidad del barrio y el compromiso de su historia. Y esos endebles intentos de amargarnos la ilusión, de insultar nuestra pasión celeste, no van a prosperar. No hay estructura, poder o mala fe que pueda sobrevivir ante lo Gigante que es este equipo, este barrio en el mundo, esta historia en la que el fútbol es solamente una excusa para volvernos a ver, porque todo sucumbe ante la humildad de Belgrano, y eso es lo que nos hace grandes

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