30 oct. 2015

Maradona es nuestra identidad

En esa gambeta del fútbol con los amigos, ahí está él.
En ese momento donde te pusiste a tu amigo al hombro para remontar un bajonazo, está el Diego.
Cuando lloratse y gritaste para parirlo con amor, estuviste como una 10.

Pero cada vez que te mandaste una línea, ahí también estaba el Diego.
Tu primer golpe a una mujer, fue con la mano de Dios
Cuando decidiste no reconocer a tu hijo, Maradona te enseñó cómo hacerlo.
En cada contradicción, en cada acto de soberbia, en toda fanfarroneada, estuvo Diego Armando.

Y ahí está, el escupitajo cobarde sobre la miseria ajena, que también es tuya y nuestra. 
El temor a reconocer nuestra propia mierda en el espejo, en un solo tipo que condensa todas nuestras oscuridades, esas de las que pende lo que amamos. Y al mismo tiempo, ver en ese reflejo, lo mejor que tenemos, ese barrilete cósmico piloteado por la mano de Dios.

El es la unidad de lo múltiple, el acervo de lo heterogéneo. El error mejor constituído y los aciertos más perfectos.
Es todo, por ende no es nada. Es la nada cuando nos conviene y el todo cuando se nos viene.

Dicen que al Diego siempre le perdonan todo, pero a Maradona nunca se le perdonó nada. Tampoco pretendió que lo hagamos, porque él es el perdón en sustancia pura, es el acierto de la equivocación.

Es nuestra idiosincrasia, y la refleja en todo su esplendor, desde la más mínima perfección hasta la más avanzada putrefacción.
Y acá estamos, renegando de esta identidad y gozándola a la vez. Nos fijemos bien, hasta en los mas profundo de nuestro ser. La tenemos adentro.

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